Paris Fashion Week Otoño Invierno 2012: La colección angelical de Givenchy

Mientras muchos diseñadores se inclinan por crear prendas más “accesibles” y cercanas al prêt-à-porter en sus colecciones de Alta Costura, Riccardo Tisci, director creativo de Givenchy, sigue empeñado en revalorizar la tradición Haute Couture. En la Semana de la Moda de París, decidió presentar una acotada pero exquisita colección, haciendo gala de la orfebrería y la delicadeza con que trabajan las manos del taller de la casa francesa. Un nuevo paso que lo consolida como una de las mentes brillantes de la “nueva generación” de diseñadores en la meca de la moda.



Paris Fashion Week Otoño Invierno 2012: La colección angelical de Givenchy

“Ángeles Albinos” se titula esta colección, una muestra muy breve (sólo diez vestidos) de exquisitas piezas ligeras en tul marfil, gasa y perlas brillantes. Givenchy utiliza el blanco y las transparencias para mostrar a una mujer sensual y muy femenina. Vestidos trabajados minuciosamente con perlas, plumas, transparencias, y mucho más, pero que sorprendentemente no resultan recargados. Para la presentación recurrió, como ya es su costumbre, a fotografías de las modelos de frente, espalda y en grupo, bajo el lente de Willy Wanderpierre. El río Sena como fondo, Aguirre, la ira de Dios de Werner Herzog como acompañamiento musical, y hasta aroma a rosas de primavera crearon el ambiente ideal para la muestra.

Para ello se inspiró en el paraíso enfocándose en “la pureza, la ligereza y la fragilidad”. Jugando con la desnudez, mostrando abiertamente o jugando con la imaginación las piernas, brazos, espalda y pecho, Tisci demuestra un sugerente y magistral estudio de la anatomía femenina. Pero sin dudas lo más admirable de cada uno de los diez longilíneos vestidos es el delicado e ingenioso trabajo artesanal, que implica cientos de horas de labor y una cuidadísima planificación, ya que no queda ni una lentejuela fuera de lugar.

Miles de lentejuelas y cuentas iridiscentes se transforman en aves del paraíso, flores que se abren en medio de un vestido por encima de la rodilla, mientras que cientos de hebras realizadas con las mismas cuentas formaban la falda del vestido como una cascada. Uno de los largos vestidos de tul fue decorado con perlas y cristales marcadas con plumas de avestruz muy finamente puestas. Otro vestido tiene cuentas degradé que no sólo van bajando de tonalidad, si no que van de brillosas a mate.

Aunque algunos no dejaron de notar esta colección como una continuidad poco arriesgada con respecto a las colecciones anteriores, no hay dudas de que la genialidad está en seguir sacando obras magistrales partiendo de un mismo y sencillo concepto. La decena de vestidos de Givenchy se posiciona en lo más alto de la esfera Haute Couture expuesta en París este mes.







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